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LA RELIGION DEL PARDON Y DE LA MISERICORDIA (Como concibo mi religión y mi camino hacia ella)
Yo, Mohammed Knut Bernström, profieso Islam, la "religión del pardón y de la misericordia", que encontré después de una larga vida como cristiano (católico). En los años 60, la década del Concilio Vaticano II, llegué a la conclusión que esta religión, cuyos dirigentes quisieron poner en tela de juicio sus formas de culto con prácticas más que milenarias para modernizarlas y, dando a los laicos un nuevo papel más activo en los servicios divinos, atraerse nuevos adeptos y conseguir avivar la fé, que la religión católica, decía, demostraba con este súbito zelo reformador que no era, después de todo, como yo había creído, la religión instituída por Dios, Creador de todas cosas, sino, por lo menos en gran parte, una creación humana. Las tareas que se vio atribuir el Concilio no afectaban en principio sino la fachada externa de la religión, sus usos y prácticas, de ningúna manera indiferentes o faltos de importancia, y el estudio de los medios de recuperar de algún modo para la Iglesia Católica la posición que antes ocupaba en el centro de la sociedad y algo de su antigua influencia. Pero la substancia de la fé, marcada por la larga cadena de dogmas y doctrinas, no fue tocada; dogmas basadas en decisiones tomadas durante los siglos por los Concilios y los Papas, es decir por los hombres, desde la definición de la naturaleza de Jesucristo, a la vez humana y divina, establecida por el Concilio de Nicea en 325 y confirmada por él de Constantinopla en 381, hasta la doctrina enunciada por el Papa Pio IX en 1854 que dice que la Virgen María, madre de Jesús, que fue muchas veces objeto de adoración como si formase parte de la Santísima Trinidad, no había sido tocada por el pecado original que según la teología cristiana acompaña a todo ser humano desde su concepción, concebida que fue sin pecado - doctrina ésta llamada de la Inmaculada Concepción.
Una religión fundada en la revelación divina debe, según mi opinión, ser universal, aplicable en todo tiempo y en todo lugar e inmutable. Esta religión existe desde casi 1400 años y se llama Islam, lo que en árabe significa "sumisión a la voluntad de Dios", y se basa en una Escritura, el Korán o, en árabe, al-qur'an. Esta Escritura se compone de las divinas palabras reveladas al Profeta Muhammad (bpDce) en La Meca primero y después en Medina durante los años 610 a 631 (era cristiana ) , y que hoy aparece como un libro, dividido en 114 capítulos o azoras.
He podido conocer esta religión durante una estancia en Marruecos en el mismo momento en que las reformas, introducidas por las resoluciones del Concilio Vaticano II, arriba mencionadas, habían asestado un golpe duro a mi conciencia de católico. Desde entonces he podido apreciar la singular belleza de sus manifestaciones exteriores: la llamada a la oración, incluso en plena noche oscura, su rito solemne, culminando en la postración tocando el suelo con la frente, la lectura con voz modulada del Korán etc. y pensé: He aquí, tal vez, la verdadera religión sólida, inmutable que buscaba. Pero estas primeras impresiones de belleza espiritual no eran sino eso, impresiones sujetivas, inspiradas por emociones, y sentía la necesidad de una convicción intelectual, un criterio de verdad. Y fue el mismo Korán quien me lo daría. Encontré en la azora 113 estas palabras: Di: Busco refugio en el Señor del Alba contra el mal de lo que El a creado… y me dije que jamás en los más de 40 años en los que he practicado conscientemente el cristianismo ví u oí una explicación clara y coherente del origen del mal y del papel que cumple en el mundo. Más bien me dejaron entender, sin usar estas palabras precisas, que el mal tiene otro origen que la creación divina. Pero ¿no es esto sugerir otro "creador" al lado de Dios? Y los cristianos ¿no declaran creer, ellos también, conforme reza la confesión de Nicea y no obstante la doctrina de la Trinidad, en un sólo Dios ("credo in unum Deum, Creatorem cœli et terræ")? Allí está el problema y allí se queda. El Korán en todo caso lo expresa de forma clara y directa: el mal existe en la creación de Dios, lo hacen los que Dios ha creado. Todos, de eso estoy convencido, somos conscientes del mal que existe en nuestro alrededor y en nosotros mismos. Y, sin alejarnos del Korán, podemos dar un paso más: el mal existe en el mundo y debe existir como un elemento y una condición previa del gran plan moral porque - ¿cómo reconoceríamos y eligiríamos el bien, si no existiese el mal? ¿Cómo conocer y apreciar la luz, si no hay su contraste, la oscuridad? La noción de contraste, de oposición en lo creado, también podemos encontrarla en el Korán. En el aleya 49 de la azora 51 leemos: Todo lo que creamos lo hemos creado en pares [de opuestos], en árabe zawyan, zawyayn, y en el aleya 36:36: Gloria a El que creó en pares [de opuestos], al-azway, todo lo que es producido por la tierra, los humanos mismos y lo que ellos [aún] ignoran. Comentando el primer aleya citada, el gran exégeta del siglo XIII A.D. Ibn Kacir dice: "Todas las cosas creadas lo han sido en pares (o parejas), el cielo y la tierra, la noche y el día, el sol y la luna, la tierra firme y el mar, la luz y la oscuridad, la fé y la descreencia, la vida y la muerte, la desdicha y la felicidad, el Paraíso y el Infierno, hasta animales y plantas." Y
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